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Villavicencio de aguas lujosas

Villavicencio de aguas lujosas

En la actualidad Mendoza puede ser famosa por sus posadas en bodegas, pero fue un hotel termal el que la puso en el mapa del turismo por primera vez. Emilie Giraud echa un vistazo al Gran Hotel Villavicencio y su impresionante reserva natural.

A treinta minutos en auto, hacia el norte de la ciudad de Mendoza, sobre la antigua ruta de montaña que llevaba a Chile, encontrarás una mansión abandonada en medio de un verde oasis. La construcción de estilo suizo alguna vez fue un hotel y spa que le dio de comer a ricos y famosos y que ahora es el icónico símbolo de una de las aguas minerales más populares de Argentina—Villavicencio.

Villavicencio no es sólo una planta embotelladora de última generación con un hotel agregado. Es también un parque natural espléndido de 72000 hectáreas donde habitan manadas de guanacos cual si fueran ovejas, y donde los zorros se te acercan tímidamente. Cóndores se remontan en el cielo y armadillos se escapan en la arena. La ruta en sí es un camino majestuoso a través del desierto, rocas, minas de plata abandonadas y bosques petrificados y nos ofrece algunas de las más hermosas vistas y peligrosos riscos. Conocido como la ruta de las 360 curvas, es la forma más aventurera de llegar a Uspallata en el camino a Chile, en la cual se puede llegar a ver la punta del cerro Aconcagua desde un páramo elevado.

El nombre se debe a Joseph Villavicencio, un misterioso capitán de las Islas Canarias y el primer inmigrante en construir una casa en la zona en 1680, en el mismo lugar donde hoy se encuentra el hotel abandonado. El agua en Mendoza es oro, y Villavicencio tiene la fortuna de poseer minas de oro y fuentes de agua termal que lo hizo un lugar más que codiciado.

Arqueólogos piensan que la zona ya tenía habitantes alrededor de 12000 años atrás, ocupada por tribus de cazadores—recolectores de comunidades previas a los Huarpes. Ellos acampaban cerca de las fuentes de agua natural, cazaban guanacos, ñandúes y liebres, y recolectaban los frutos del algarrobo. A la postre, en la fundación colonial de Mendoza en 1561, los Jesuitas cavaron buscando plata y oro en lo que sería una de las primeras minas en el país en la zona de Paramillos, a 12km de donde se enclava el hotel.

Villavicencio se encuentra literalmente cruzadas por la historia argentina. Desde 1561 hasta 1891 fue la ruta principal entre Buenos Aires y Santiago de Chile, y desde 1817, parte de la ruta Sanmartiniana que celebra la campaña por la independencia. En la entrada de la reserva, el monumento de Canota conmemora el histórico momento en 1817 cuando se separan las dos columnas principales del ejército de San Martín antes de cruzar a Chile. Esta división fue crucial para el ingenioso plan militar de San Martín, en el que engañó a las tropas españolas y que dio comienzo a lo que finalmente sería la independencia del continente del yugo colonial.

El embotellamiento de agua comenzó en 1903. Tres franceses, con un farmacéutico local y un doctor le atribuyeron a estas aguas cristalinas poderes curativos ya que eran ricas en calcio y potasio y empezaron a venderla en botellas de vidrio pequeñas en las farmacias de Mendoza.

En 1923, Don Angel Velaz creó la Sociedad Termas de Villavicencio e hizo que el negocio del agua fuera rentable al resolver el transporte del agua hasta Mendoza a través de la instalación de un acueducto. También creó el ícono de la marca con la construcción del Hotel Termas de Villavicencio en 1940. La segunda guerra mundial explotó en Europa y, como el resto de la clase alta de Argentina, Velaz no pudo hacer su viaje para tomar su rutina anual de baños termales. Los rumores dicen que el hotel nació de la urgencia que tenía para curar sus hemorroides. Lo que sí es cierto es que el hotel estaba inspirado en sus viajes a Europa, principalmente a Evian.

El hotel se construyó en el mismo periodo que los hoteles sociales peronistas como el de Chapadmalal, pero al contrario de ellos, se administró de manera privada, atendiendo a una pequeña clientela elitista que buscaba descanso y la cura para algunas enfermedades durante el verano. Construído en menos de 6 meses, el hotel no es necesariamente el Titanic de los Andes que uno espera ver. Es de un estilo normando bastante normal, con su típico techo inclinado de ladrillos y paredes de blanco inmaculado con incrustaciones de madera oscura que le dan una apariencia de tumba.  Aparte de la calidez de algunos murales y pinturas, la parte interna es austera y el mobiliario es principalmente rústico. Las lámparas eran hechas de ruedas de carretas y de hierro de cabeceras de camas.

Al llegar, los huéspedes se registraban y debían pasar un examen médico antes de entrar a alguna de las 30 habitaciones con baño privado y aguas termales en las cuales iban a disfrutar sus tratamientos durante el tiempo de sus vacaciones. Pero Villavicencio no fue sólo el paraíso de vacaciones de algunos elegidos de la élite argentina. Sus terrazas y la soberbia vista que ofrecían, hacían del hotel un destino obligado para la burguesía local. Ellos iban por el día a tomar el té, tomar baños termales y eventualmente llevarse consigo algo de ese líquido precioso.

Detrás de las persianas que actualmente esconden los interiores del hotel, uno puede llegar a imaginarse el zumbido del salón comedor, los pasos en el salón de baile, las charlas ociosas de los caballeros haciendo cola en el barbero, la ostentosa elegancia de algunas damas caminando por los jardines o bien el bullicio del staff de servicio tratando de que la estadía de los huéspedes fuera lo mejor posible. Los jardines construídos en terrazas, fueron diseñados por Carlos Thays, el creador del enorme parque General San Martín. La zona fue poblada con árboles exóticos europeos, lagunas y senderos que invitaban a una exploración más profunda. Por supuesto también debía haber una cancha de tenis y un minigolf. Además de proveer al huésped con hidro terapia, el hotel también promovía un estilo de vida saludable, invitando a los pasajeros a comer saludable y a ejercitarse, sin olvidar su elevación moral—un centro de rehabilitación andino si se quiere.

La esposa de Velaz y sus devotas amigas estaban preocupadas por la salvación de las almas de los locales. Lejos de cualquier parroquia, las damas notaron que muchas de las parejas que trabajaban en la zona no estaban casadas, ni sus hijos bautizados, y que muchos de los residentes no asistían a misa por la distancia con los templos. Un año después de su apertura, en 1941, una capilla con el tradicional techo de caña fue erigida. Hoy en día es el único lugar que se puede visitar en su interior. La capilla neo colonial construída por el arquitecto Ramos Correa, alberga un impresionante altar que tiene en su fondo la imagen de la última cena por Horacio Cruz.

Desafortunadamente, durante la administración de Velaz, el hotel nunca fue rentable. Estaba abierto todo el año cuando el turismo era solamente estacional. Dependía de generadores de electricidad de costosa operatividad y el staff era de 90 personas para atender sólo a 60 huéspedes. La misma agua que fue la razón principal de su existencia lentamente llevó el hotel a su cierre. La riqueza de minerales en el agua lentamente tapó todas las cañerías lo que finalmente motivó su cierre en 1970. La escases de hoteles en Mendoza para la copa mundial de fútbol de 1978 hizo que se reabriera para alojar a los representantes de la prensa internacional. Ese mismo año, el grupo Greco, planeó su refuncionalización y ampliación del hotel con el propósito de hacerlo rentable, pero luego de un año de administración el grupo cayó en bancarrota y fue absorbido por la dictadura militar al mando del país en ese momento. Luego de 12 años de control estatal y mínimo mantenimiento, el lugar y la planta embotelladora fueron adquiridos por el grupo Cartellone, quienes recuperaron los jardines pero que rápidamente desestimaron cualquier posibilidad de reabrir el hotel, dado que la inversión necesaria era demasiado grande.

En 1999 la multinacional Danone compró el hotel y sus 72000 hectáreas de reserva natural. La fantasía de reabrir el hotel durmiente han sido abandonadas por sus dueños actuales, pero existen planes de renovar su fachada y de crear un museo en su interior.

Bellezas naturales

Desde el año 2000, Villavicencio ha sido oficialmente reconocido como un parque natural pero ha sido considerada una zona de interés arqueológico, botánico y geológico a lo largo de siglos. Charles Darwin en uno de sus escaparates de su periplo a bordo del Beagle, pasó dos días en Villavicencio en 1835, donde descubrió un bosque fosilizado de araucarias. Fue en las cercanías de la zona donde también encontró fósiles marinos a 3000 metros de altura sobre el nivel del mar y donde se plantó el germen de la teoría de la evolución en su mente.

En la actualidad, el grupo Danone y cuatro guardaparques manejan esta reserva privada y están controlando su increíble flora y fauna. Aquí hay algunas plantas y animales que se pueden ver a distintas alturas de la reserva, algunos de los cuales se pueden ver en un pequeño museo, a metros del hotel.

Por Emilie Giraud

Publicado en Junio del 2016 en Wine Republic

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