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Todo lo que siempre quiso saber sobre el Malbec, pero no se atrevía a preguntar

Todo lo que siempre quiso saber sobre el Malbec, pero no se atrevía a preguntar

Algo de historia, números y tips sobre el varietal más popular de Argentina

Mañana es 17 de abril y se celebra el día mundial del Malbec. Pero para llegar al motivo de esta fecha arrancaré el relato algunos siglos atrás.

Hasta donde sabemos, la vitivinicultura mendocina es antigua data.
La ciudad de Mendoza fue fundada en 1561 de mano de Don Pedro del Castillo que, como buen español, trajo con él la cultura de la vid. Su introducción se tradujo, casi inmediatamente, en producción de vino para consumo local: las casas, las iglesias (incluso la medicina) todos, y por
distintos motivos, requerían vino.

Tiempo después, el vino a granel ( vinificado a partir de diferentes y anónimas variedades criollas) empezó a comercializarse en Buenos Aires y
Valparaíso. Vino que, además se elaboraba con la “tecnología” disponible de aquel entonces.


Así , un cuero curtido de vaca hacía las veces de lagar y la cola de la vaca se convertía en el desagote de aquel mosto; mientras que la distribución consistía en largas travesías de tinajas que rodaban entre dos semanas y dos meses para llegar a destino. Pienso que , el de aquel entonces, debe haber sido un vino irreconocible a nuestro paladar moderno.

Hacia mediados de Siglo 19, sucedió algo que cambiaría el rumbo de la producción de vino argentino. Fue en esta época que un agrónomo francés, llamado Miguel Pouget, se instaló en Mendoza y trajo con él las primeras estacas de Malbec ( Malbec que alcanzó a emigrar justo antes del brote de filoxera que hiciera estragos en Francia).

Por aquel entonces también, mas precisamente el 17 de abril de 1853, promovido por Domingo Faustino Sarmiento ( que había regresado de Chile recientemente), se creó una quinta experimental y escuela agronómica, emulando la que ya existía en Chile que, a su vez , había sido inspirada en una francesa.

Quinta agronomica de Mendoza

Mientras en esa quinta se hacían injertos extraños de peras con
manzanas, los viñeditos de malbec ( o “uva francesa” como era llamada en aquel entonces) empezaban a adaptarse de manera especial al suelo y clima mendocino, al tiempo que los viticultores criollos fueron instruyéndose, de a poco, en el conocimiento de la variedad para hacer su cultivo más efectivo y cualitativo.

Años más tarde, Mendoza experimentaría una especie de revolución vitivinícola. A Fines de 1800 llegó el tren y, con él, dos olas inmigratorias. Españoles e italianos, arribaron buscando nuevas oportunidades trayendo conocimiento, mano de obra y nuevas tecnologías (además de introducir nuevos varietales).

La estrella seguía siendo el Malbec, que hacia mediados de siglo ya significaba el 80% de la extensión de viñedos . El consumo también era alto. En algún punto de esta historia Se llegó a beber 90 litros per cápita (nota, hoy consumimos alrededor de 30) …me imagino comilonas en mesas largas. Padres, hijos, abuelos y nietos, todos reunidos comiendo y bebiendo, incluso los más chicos: un “culito” de vino diluido en agua o en soda.


Pero nada es para siempre, hacia mediados de la década de 1970, producto de una diversificación en la industria de bebidas y otras cuestiones, la producción de vino comenzó a caer.

Sí, la cerveza y la Coca-Cola competían ferozmente con el líquido sagrado. Para salir de la crisis, algunas bodegas cerraron, vendiéndose largas extensiones de viñedos añosos a agentes inmobiliaros ( que explican un poco el “patch work” paisajístico actual de algunas zonas de Lujan y Maipu, donde conviven barrios, y viñedos y barrios otra vez).

Las bodegas que sobrevivieron erradicaron viñedos de calidad para plantar criollas, subir el rendimiento y vender volumen compitiendo con otras bebidas.

Costó recuperse de esta crisis. Raúl de la Mota, enólogo de Weinert en aquel entonces, dio origen a su mítico Malbec Estrella 77 que fue una vuelta a la calidad. Sin embargo pasarían muchos años para volver a levantarse y sostenerse, a fuerza de nuevos conocimientos, tecnología y espíritu.

Weinert

Hoy “la uva francesa” se pone a la cabeza de distinciones, premios , fieles consumidores locales y miles de visitantes que, año a año, buscan saciar su sed de Malbec.

¿Qué esperar de un malbec?

Tonos violáceos y aroma a frutilla, ciruela e higo parecen ser el común denominador de un Malbec. Sin embargo, al haber en Mendoza tantos viñedos desparramados por todo el territorio, el espectro aromático puede ser bastante amplio y complejo.

Si bien todos comparten una característica frutal (contra otras otras variedades más herbáceas o vegetales, como el Cabernet Sauvigonon), el terroir jugará un papel fundamental en su tipicidad: Si vamos hacia un lugar más cálido, como el Este mendocino, probablemente aparezca aroma a mermelada, fruta cocida o sobre madura; Si estamos frente a terroirs más fríos, tendremos sensación de fruta fresca.

Datito: La fruta roja (como la frutilla o la cereza) es más ácida que la
fruta negra ( como la mora o ciruela) entonces, los terroirs más fríos de las partes más altas de Luján de Cuyo ( como Las compuertas o el Valle de Uco) ofrecerán Malbec con más aroma de fruta roja ( y acidez) que las zonas más bajas y calientes, cerca del río mendoza ( que serán más de fruta negra y dulzura).

En números

1853 es el año en que se funda la quinta agronómica de Mendoza (para ser más precisos el 17 de abril de 1853)

40.000 son las hectáreas de Malbec implantado, convirtiendo a Argentina en el primer productor mundial de esta variedad de uva.

124 países recibieron al menos un envío del malbec durante 2019

3329 metros sobre el nivel del mar es la altura en la que se encuentran los viñedos más altos de Malbec (en Jujuy)

400.000 son las botellas de vino que se venden, por día , en el mundo.

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