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Noches de Tango en Mendoza

Noches de Tango en Mendoza

Bodegas Caro realizó un memorable ciclo de espectáculos de tango. Charlie O’ Malley nos presenta su mirada sobre este duradero baile.

“El tango en Buenos Aires es una danza privada de casas de mala reputación y bares de peor de los tipos. Nunca se bailó en salones de la alta sociedad o por gente respetable. La música en el tango despierta pensamientos desagradables”

Así lo dijo Enrique Rodriguez Carreta, embajador argentino en Francia en 1913. Él trataba de derramar agua fría sobre una sensación caliente que atravesaba toda Europa—una daza sensual y exótica llamada tango. Era fresca, excitante y más que controversial. Anteriormente, los hombres y mujeres prácticamente no se tocaban mientras bailaban. De repente, los bailarines se fundían en un abrazo, pegando sus mejillas, las piernas invadiendo el espacio del otro, acariciándose y mirándose de manera bochornosa, mientras suena una melodía con un tono ansioso y líricos arriesgados. Fue suficiente como para darle un ataque al corazón a cualquier puritano. El Kaiser Wilhelm lo prohibió. El Principe Luis de Bavaria lo denunció como absurdo. Raramente no impresionó al Papa Pío, que lo llamó muy lánguido para sus gustos. Todo fue en vano—la elite liberal se entusiasmó mucho y el tango luego se transformó en la danza de la Clase alta europea.

Sus orígenes son tan misteriosos como la danza misma. Los expertos no se ponen de acuerdo ni siquiera en los orígenes del nombre. Tango puede venir de una palabra africana que significa lugar cerrado o círculo. Otros dicen que es un término del siglo 18para un lugar donde se reunían los esclavos (y tal vez bailaban). O podría provenir del tambor, usado en la danza africana llamada candombe.

La música es una fusión de ritmos—candombe, rumba, la milonga y el madrileño. Nació a finales del sigro 19 en los barrios pobres de la periferia de Buenos Aires. Olas de inmigrantes, mayormente italianos, pero también españoles, judíos, árabes, franceses, irlandeses y polacos llegaron a las costas argentinas. Eran solteros, jóvenes y de la clase trabajadora, que huían de la hambruna o de la persecución y que albergaban en sí sentimientos de nostalgia, destierro y soledad. Obviamente tenían amor por la música.

Los burdeles prosperaban, no solo por ser lugares donde el sexo estaba disponible. Se convirtieron en puntos de encuentro e intercambios sociales, tugurios de bebida donde la gente compartía historias y escuchaban música a partir de tres músicos itinerantes que tocaban guitarra, violín y flauta. Así como las melodías, las personas improvisaban algunos pasos y bailaban para aliviar su melancolía. Una extraño tipo de triste acordeón, llamado bandoneón, reemplazó a la flauta. Un nuevo tipo de cultura popular había nacido y el tango se transformó en su voz, haciéndose eco de historias de amores perdidos y recuerdos tristes. La música y la danza evolucionaron. Algunos hombres lo tomaron tan en serio que practicaban entre ellos por falta de partenaire mujer (por ser demasiado costosas). Sus movimientos pasaron a ser una fuente de orgullo y tal vez la oportunidad de mejorar su atracción hacia el sexo opuesto.

La nueva danza de la barriada fue vista con desdén por la clase rica establecida. Esa tosca e inmoral. Les prohibieron a sus hijas la práctica del mismo. Aún así, atraía a los hijos de la aristocracia por su romance y peligrosidad. Se inmiscuían en los arrabales y aprendían algunos pasos. En ese momento Argentina se desarrollaba rápidamente, llegando a ser uno de los diez países más ricos del mundo. La mayor parte de la élite argentina tenían propiedades en Europa y pasaban tiempo allí cada año (tal era la riqueza que los franceses tenían un dicho: rico como argentino). Los hijos de algunos privilegiados recibían educación en Europa, y terminaron llevando consigo la danza, que luego desató la tango manía.

El tango incluso influenció la moda. Vestidos de mujeres—hasta ese momento abultados y restrictivos, pasaron a ser más livianos y ligeros. Un  diseñador con un remanente de tela naranja que no vendió, lo renombró naranja tango. Vendió todo en días.

Europa legitimó el tango. Los salones de la clase alta de Lodres, Paris y Roma reverberaban con la música. Lo que nació en harapos, ahora vestía un smoking. La elite de Buenos Aires comenzó a aceptarlo a regañadientes como una propia—verdaderamente original—fenómeno argentino.

Bodegas Caro se encuentra dentro de la Bodega Escorihuela, en Godoy Cruz, a 10 minutos de taxi desde el centro de Mendoza. Este pequeño e íntimo show se da en un marco muy lindo, comienza a las 830pm e incluye vinos y un refrigerio. Consultar por reactivación de sus actividades.

Presidente Alvear 151. Para resevas contacte a Tel : +54 2614 246 477.  www.bodegascaro.com

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