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La conexión con Francia

La conexión con Francia

Graham Cox echa una mirada sobre la influencia francesa en la enología Argentina y ese je ne sais quoi que trae consigo.

El nuevo mundo del vino es una bolsa llena de referencias. En Argentina, las raíces españolas e italianas son mayoría en la herencia que el país tiene del viejo mundo. El idioma tiene orígenes obvios, y la cocina expone platos tanto españoles como italianos. Sin embargo, en lo que concierne al vino, ahí es donde la cosa se aleja de la influencia de sólo dos países para incluir a un tercero—Francia. Solo basta un paseo por la vinoteca para darse cuenta. La mayoría de las variedades son francesas: Merlot, Chardonnay, Cabernet Sauvignon, y la celebridad por excelencia el Malbec. Y considerando la  producción y consumo masivos del vino en Argentina, vuelve a aparecer Francia en la mesa los argentinos.

Por supuesto, no es todo sobre de uvas. El conocimiento y pasión por el vino también llegaron con aquellas personas que dejaron detrás la tierra de bon vivants para venir a trabajar las vides en Argentina. El agrónomo francés Michel Aimé Pouget le dio comienzo cuando trajo los primeros barbechos de Malbec, que luego agraciarían el suelo argentino. Se quedó para ayudar en el cultivo y para enseñar métodos científicos para mejorar la producción. Otras variedades originales de Francia se fueron instalando de a poco aquí, no necesariamente por Pouget, ya que otros franceses  llegaron trayendo consigo algo más que sólo vinos de sus pueblos.

Lo que estos hacedores de vinos no pudieron ignorar fue la importancia del terruño. El conocimiento de cómo los aspectos de la composición del suelo, altura y exposición solar influencian la calidad de las uvas ha sido una parte dominante de la producción de vinos franceses por siglos. Ahora esa expertise se aplica aquí. Cuando visitamos la Bodega Alta Vista, fuimos testigos del esfuerzo del enólogo Matthieu Grassin de probar justamente eso. Nacido en Angers, Matthieu es uno de los enólogos franceses que han ayudado a poner el foco en el aspecto terruño en Argentina.

Luego de completar un master en agricultura, especializándose en vitivinicultura y enología y de trabajar en un chateaux francés, Matthieu vino a Mendoza a poner su conocimiento a prueba. Con su ayuda, a comienzos del año 2000, Alta Vista fue una de las primeras bodegas en evaluar sus viñedos y aplicar el estilo de producción por zonificación de terruños en el proceso enológico. Ya con las diferentes zonas delimitadas, pudo separar las uvas y probar las características de cada una para saber qué es lo que tenía en sus manos.

“La diferencia entre las zonas es una ventaja” dijo “puedo controlar la calidad y asegurarme de la consistencia de los vinos. De esa manera me puedo asegurar de que el vino tenga la misma calidad a lo largo de todos los años de su producción”.

Luego de degustar las uvas de las diferentes zonas, es fácil ver cuáles son las cosas con las que tiene que jugar para perfeccionar las botellas de Alta Vista. Aún entre dos zonas, ambas cultivadas con Malbec, existe una marcada diferencia: una es redonda y flexible; la otra más potente, con sabores terrosos. Esa es la influencia del terruño en el trabajo, y afortunadamente Argentina tiene la presencia Francesa de traerlo a la luz.

Donde la expertise técnica termina, aumenta la pasión. Si pasas suficiente tiempo con Matthieu vas a notar que detrás de su riqueza en conocimientos yace su gran amor por lo que hace. Cuando degustas un vino frente a él, lo verás escudriñándote para ver si tú ves lo que él ve. “ No treto de hacer el mejor vino de mundo” y continuó “estoy tratando de hacer el más consistente”.

El amor por la profesión también lo encontramos en la Bodega Carinae en Maipú. Los dueños Phillipe y Brigitte Subra entraron al mundo del vino hace diez años sin ningún tipo de experiencia, solamente el brío de hacerlo.

 “Compramos la bodega en febrero de 2003” dice Phillipe. “Las viñas habían sido mantenidas y tuvimos que enfrentar la cosecha en marzo. El vino del primer año no fue muy bueno”.

No hace falta mencionar que desde entonces los vinos fueron en franca mejoría. Su historia es diferente. Luego de llegar a Argentina desde Toulouse para trabajar, se pusieron a buscar una casa donde Phillipe, un astrónomo amateur, pudiera ver bien al cielo. La propiedad vino con una bodega en ruinas. En lugar de ignorar el potencial de lo que tenían en el patio de su casa, decidieron sacar provecho de ello.

 “Era ir a Paris a afincarse en la ciudad o quedarse aquí y hacer vino” dice Phillipe. La decisión no podría haber sido más simple para ellos. El comienzo poco auspicioso de Carinae pronto cambió gracias a la consultoría del equipo enológico del afamado enólogo francés Michel Rolland: Gabriela Celeste y Juan Manuel González. Pero obviamente la mayor parte del crédito es de Subrá y todo el duro trabajo que con sus manos invirtió en su producción. Más que visitar una bodega, al llegar a Carinae se siente como entrar a su propia casa.

 “Allá en Francia, algunas parejas pasan su jubilación administrando un Bed and Breakfast en su casa” dice Briggitte. “Así nos sentimos con respecto a nuestros visitantes. Les damos la bienvenida a nuestra bodega, en vez de nuestra casa”.

No se aleja tanto. Tienen pinturas de sus nietos en la pared y el jarro que normalmente tiene mermeladas caseras, resulta ser una botella de vino. De la media docena de vinos que producen, Octans resulta ser el blend hobby que sólo puedes conseguir en la bodega, y es el producto de los gustos personales de Briggitte y Phillipe. Este vino es la esencia del bricolaje, la visión romántica de haz tu propio vino y llévalo a la práctica. Es imposible decir de qué variedades se compone, ya que cambia cada año. “Si es un vino muy bueno, tal vez lo conservamos en nuestra línea, como pasó con Cuveé Briggitte. Ese había sido una de las versiones tempranas de Octans que decidimos continuar”.

Si ese es el criterio a seguir para lograr que alguno de los blends de Octans sea un vino permanente, entonces el 2011 es un contendiente seguro. Un bien ensamblado popourri de Syrah, Malbec y Cabernet Sauvignon que es suave y que tiene un final fácil, sin sacrificar complejidad, le hace justicia a siglos de conocimientos y gusto en la enología francesa.

Como otras culturas que llegaron hasta estas costas y vivieron transformaciones, la influencia francesa tiene su toque argentino. La adaptación es más fácil cuando ves algo de tu cultura en tu nuevo lugar, y para los franceses no es tan duro en lo que concierne al vino. Cuando fueron consultados acerca del salto de una cultura del vino a la otra, Matthieu no necesitó hacer una pausa para reflexionar, “Bien, el porcentaje de consumo según la población es prácticamente el mismo entre Argentina y Francia. Así que no fue un gran cambio”.

Francia y Argentina comparten el amor y los labores, así que algo de esta tierra se convierte al algo de aquella tierra y viceversa. Lo puedes encontrar aquí mismo en la botella. Cuando se consultó acerca de la resurgimiento del Pinot Noir en Argentina, la famosa y exigente variedad de Borgoña, Matthieu se aseguró de que la explicación fuera clara.

“Es importante notar el marco de referencia. Un Pinot Noir de Argentina nunca va a ser tan bueno si lo que buscas es un Pinot de la Borgoña. Aquí la variedad de uva pasa a ser una cosa diferente. Hay un gran Pinot aquí, pero es importante no compararlo con la Borgoña. Es un vino argentino”.

Así es  cómo Francia echó sus raíces aquí, tan lejos de casa, aún franceses en origen, pero apenas diferente ahora que están en suelo foráneo.

“Oh, el Pinot de Argentina es genial” dice Phillippe. “Sí, realmente me gusta el Pinot que puedes encontrar por aquí” agregó Briggitte.

Phillipe y Briggitte no necesitan explicar por qué. Su entusiasmo lo dice todo. Francia está presente en el vino argentino, pero no necesita mover su bandera. Ellos trajeron las vides y el conocimiento a través del océano y luego de eso, el sol, el suelo y el agua de deshielo hicieron su trabajo para llegar a un fruto que es un poco francés y un poco argentino, en fin, maravilloso.

Por Graham Cox

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