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El vino y el hombre

El vino y el hombre

El vino es sin dudas, una bebida que ha acompañado al hombre en su historia y en innumerables travesías. En esta nota, el sommelier Mauro Marcó Levy nos ayuda a rememorar.

Cientos de historiadores dicen que el vino se originó en la prehistoria, otros sugieren que es más contemporáneo; sin embargo hay algo seguro: el mundo se vuelve un sitio jubiloso cuando lo bebemos. Pues, ya ha sido dicho: «el vino alegra el corazón del hombre». (Sal 104:15)

A lo largo del tiempo y los cambios en las civilizaciones, el vino ha estado implicado en su desarrollo, jugando distintos roles dentro de la sociedad. Podríamos decir incluso que, como compañero, ha resultado notablemente fiel, ya que a pesar de permanecer en las buenas, también ha estado incuestionablemente presente en las malas de nuestra historia.

Podemos destacar, por ejemplo, que en la guerra ha jugado un papel clave. Por un lado, los guerreros tomaban vino, antes y después de las batallas, como calmante y distracción; era su bálsamo. Por otro, el vino siempre ha sido un codiciado botín.

Por esto último, cabe decir que no siempre trajo alegrías al mundo. Esta bebida ha sido uno de los primeros bienes incautados a los pueblos por parte de sus conquistadores; una historia que vemos repetida en los tormentosos episodios que viviera el Mediterráneo durante siglos.

Hagamos un breve revisionismo histórico:

Los griegos lograron extender el matrimonio vino-religión desde sus dominios  (Grecia hacia el 700 a.C. e Italia en el 200 a.C.) hasta los últimos confines de Occidente. En aquella etapa, la vid, y obviamente el vino, comenzaban a revestirse de una categoría sagrada que los convirtió en una ofrenda irrenunciable para los dioses, teniendo incluso su propio representante: Dionisio.

Por otra parte, Roma fue uno de los principales Imperios saqueadores de vino. Los fenicios, el pueblo de mercaderes más exitosos del antiguo mundo, encargados de comercializar entre Medio Oriente y Occidente, fueron los responsables directos de la expansión de la vitivinicultura y la producción de vino en diversos países que aún hoy continúan elaborando variedades aptas para el mercado internacional; países como el Líbano, Argelia, Túnez, España, Portugal y Egipto.

La Embriaguez de Noé, Miguel Ángel

Deteniéndonos en Egipto por un momento, podemos decir que todavía se conserva gran cantidad de elocuentes representaciones jeroglíficas que se refieren al cultivo y los usos de la uva, conservadas en criptas faraónicas que datan del año 3300 a.C.

También en la Torá y el Antiguo Testamento se hace referencia al cultivo de la uva que practicaba el pueblo hebreo, con el fin de producir el vino. Cuando las doce tribus de Israel se volvieron sedentarias, empezaron a desarrollar el cultivo de la vid, granos y olivos.

A lo largo de la Biblia, el vino y los viñedos aparecen profusamente en lugares históricos, en referencia a varios personajes y en toda suerte de metáforas como la borrachera de Noé y de Lot, la viña de Nabot y en libro más erótico de la Biblia, el Cantar de los Cantares: «¡Oh, si él me besara con besos de su boca! Porque mejores son tus amores que el vino». A esta misma expresión la encontramos más adelante, en boca del esposo: «¡Cuán hermosos son tus amores! hermana, ¡esposa mía! ¡Cuánto mejores que el vino, tus amores!». 

Todo esto no impide ciertas particularidades. El vino que se bebía en la antigüedad era muy diferente, organolépticamente hablando, al que conocemos hoy en día. La mayoría de las civilizaciones de antaño bebían el vino mezclado con leche y miel para “mejorar su sabor”; existiendo incluso diversas preferencias, como por ejemplo la alta sociedad romana, que prefería el vino blanco dulce. En cambio, fue el hebreo uno de los pocos pueblos que por aquel entonces, y por respeto a Dios, bebía el Yaim (vino, en hebreo) al natural, como lo bebemos hoy.

Estas palabras orientativas no representan sino un ápice de la historia del vino a lo largo de nuestra existencia; tan solo una aproximación de cómo el hombre, las guerras y las religiones fueron modelando la evolución cronológica de esta bebida con más de 6000 años de antigüedad.

Los invito a que pensemos juntos, cada vez que tengamos la oportunidad de beber este elixir de uva, la magnífica y milenaria historia de esta bebida que viene acompañándonos desde el inicio del hombre, alegrándonos y curándonos el corazón.

Por Mauro Marco Levy

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