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El Aceite de Oliva en Argentina: una historia de polleras

El Aceite de Oliva en Argentina: una historia de polleras

Como las mejores leyendas, la génesis del aceite de oliva en Argentina es perfectamente extraña. La historia dice, que a fines del siglo XVII, los españoles decidieron que Argentina ya no podria producir su propio aceite de oliva, entonces, arrasaron el país arrancando todos los olivos. Una astuta mujer nativa de Almogasta, La Rioja, no quería ver desaparecer los olivos de su tierra y, con la mejor voluntad del mundo, se escondió uno en la falda.

Con esa ondulante tela de tantos colores, los españoles no notaron el árbol de olivo escondido y cabalgaron para aterrorizar la siguiente aldea. Gracias al astuto engaño de esta riojana, el olivo sobrevivió, y se dice que todos los olivos de Argentina provienen de este joven árbol. También se dice que este olivo en particular engendró la primera y única especie nativa de Argentina, el Arauco.

No nos sorprende que la mujer quisiera ocultar el precioso olivo y seguir cultivándolo en su tierra natal teniendo en cuenta el largo y austero pasado del aceite de oliva – uno lleno de pasión, artimañas y tierras devastadas por la guerra -. Cultivado desde el año 5000 AC, el aceite de oliva ha sido uno de los bienes más preciados de la historia. Además de los usos nutricionales, medicinales y prácticos, fue visto como un símbolo de riqueza, poder y gloria.

Alrededor del año 850 AC, Homero se refirió a él como el “oro líquido” en La Odisea, que es una de las primeras menciones de este jugo. Los atletas de la antigua Grecia se lo frotaban en la piel antes de las peleas para permanecer ilesos y también protegerse del sol; mientras que los espartanos se los frotaban cuando ejercitaban sólo para llamar la atención. El aceite de oliva fue ungido en las cabezas de reyes, mártires y santos, y se goteó en las tumbas de figuras importantes para lubricar sus huesos secos, entre ellos los de Tutankamón. Siempre fue venerado como bien de lujo y en un momento de la historia llegó a valer su propio peso en oro como bien de trueque. Su cultivo se remonta a 7000 años atrás, el aceite de oliva ha jugado un rol muy importante en la historia y es parte de la estructura culinaria esencial de Europa y el Medio Oriente, donde todavía se pueden encontrar árboles que datan de tiempos bíblicos.

La producción en Argentina comenzó a mediados del 1500, cuando los inmigrantes españoles, nostálgicos, querían emular su propia cocina, que dependía en gran medida del aceite de oliva. La producción creció, los bosques florecieron con el generoso sol del país y también se convirtió en parte de la vida cotidiana de los argentinos. Pero, como todas las cosas muy veneradas, los celos llegaron y los españoles derribaron los árboles que ellos mismos habían introducido. Querían evitar perder participación en esta prestigiosa industria, querían que los argentinos compraran el aceite de oliva a España. Gracias a la contrabandista de faldas, la producción de aceite de oliva se reinició, continuó y más tarde se vio reforzada por una nueva afluencia de inmigrantes europeos, que aún querían cocinar como en casa. Después de superar una depresión que duraría 20 años en los 70s, debido a problemas económicos y mezclas con aceites de baja calidad, Argentina ahora tiene más de 110.000 hectáreas cultivadas con olivos, produce alrededor de 100.000 toneladas de aceite de oliva y es uno de los principales productores exportando a alrededor de 30 países en todo el mundo.

Con un prestigio en aumento y un creciente número de premios, la reputación de Argentina como productor de aceite de oliva de calidad ciertamente ha mejorado. Sin embargo, el país lucha por competir con precios europeos cada vez más bajos (debido a la crisis económica y la sobreproducción); complejas leyes de importación que hacen que la maquinaria extranjera sea costosa de incorporar; y embargos comerciales con países bastante cansados de embargos comerciales de Argentina contra ellos. El delicioso aceite de oliva de Argentina es oro líquido en sí mismo, y todo gracias a una astuta mujer y su falda.

Por Amanda Barnes

Publicado en la edición de diciembre de 2012 / enero de 2013 de Wine Republic

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