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Catedrales de barro

Catedrales de barro

Crónicas del desierto de Lavalle, parte 2

Debajo de capas de arena y arcilla, cuatro añosas capillas emergen con timidez ante la mirada de asombro y respeto de fieles y visitantes

Sin duda, el podio del patrimonio histórico del departamento de Lavalle es ocupado por sus capillas. Estos bellísimos templos, de formas simples y decoración austera, se encuentran dispersos a lo largo y ancho del sector Noreste de Mendoza. Se destacan no solo por su valor histórico y arquitectónico, sino también por la significación religiosa que tienen en la comunidad. Cada santo tiene su día y su fiesta, momento en que el pueblo rebrota, alborotando un rato su reloj de arena.

Para apreciar las catedrales del desierto, es importante observar la figura de los huarpes, comunidad nativa de gran parte del área de Cuyo, de la cual aún quedan descendientes conformando unas 11 comunidades a lo largo del territorio de Lavalle. Este pueblo, que encuentra sus orígenes en el año 300 A.C (y cuyo adn pareciera emparentarlos con culturas asiáticas), fue siempre pacífico, de hábitos agricultores y recolectores.A lo largo de su existencia, sufrieron embates primero, de la cultura inca, luego de la española. Es sabido que el Inca llegó hasta esta región y generó una aculturación. Los huarpes, dóciles por naturaleza, fueron adoptando así su vestimenta, arte y , por supuesto, su religiosidad.

Flores del desierto, por Mariana Gómez Rus

Luego, consecuencia de la colonización española, además de ser sometidos al sistema de encomienda, fueron evangelizados. Hunuc Huar, junto a otras deidades, constituía el esqueleto de la religión huarpe pero incas y españoles dieron lugar a un sincretismo religioso donde se combinan santos católicos, populares y un profundo respeto a la Pachamama. Esta suerte de conciliación se reconoce rápidamente en las formas arquitectónicas de las capillas del desierto, su estética, elementos de decoración y tallas religiosas.

En el pueblo de El Cavadito, hay una capilla tan modesta como pintoresca. La historia es curiosa: A principios de siglo 20 un hombre llegó para talar todo el bosque que rodeaba al pueblo. Su esposa, ferviente devota de San Judas Tadeo, mandó a construir el pequeño templo (que actualmente también funciona como escuela). Cuando la leña se acabó, la familia desapareció dejando al Cavadito despojado de bosquecillos. Apenas sobrevivieron unas cuantas nubes del desierto rodando cual lejano Oeste, la capilla y sus flores de tela, el Santo, la devoción y las procesiones a caballo, que se suceden (religiosamente) cada último fin de semana de octubre.

La capilla/escuela de El Cavadito, retratado por Mariana Gómez Rus

En La Asunción, un pueblo que marca el límite entre el oasis y el desierto en Lavalle, se encuentra otra antigua capilla, presuntamente construida alrededor de 1700, hoy declarada Bien Histórico Nacional. Cual templo itinerante, sin quererlo, rindió honores a su patrona, la Virgen del Tránsito, ya que fue reubicada (armada y desarmada, adobe por adobe) en dos o tres oportunidades, hasta que finalmente se asentó en el enclave que conserva en la actualidad.

Capilla de Asunción, por Mariana Gómez Rus

Localizada en una lomada, cual vigía de pueblo, se sostiene de vetustas columnas de algarrobo, paredes de adobe, revoque de barro y techo cubierto con vegetales autóctonos… y más barro. La imagen de la virgen es de gran valor, se trata de una talla pequeñita de artesanía hispano-indígena ubicada dentro de un cofre de unos 30 centímetros de alto. Los lugareños comentan que fue traída de Chile por un ex-soldado del Gral San Martín y luego donada por el Cacique Sayanca. Pegado al templo hay un pequeño museo que alberga cuadros y reliquias que cuentan la historia del pueblo.

Y, si se visita la capilla, bien vale la pena caminar hasta los cementerios: uno huarpe y otro criollo. Cada cruz guarda un secreto. Según la forma, estilo y material, es posible advertir distintas clases sociales y económicas de los difuntos, mientras que las cruces celestes (muchas de ellas desteñidas por el tiempo) corresponden a entierros de niños.

Las cruces del desierto, retratado por Mariana Gómez Rus


Las flores de papel, plástico y lata, encontradas en cementerios, parajes y capillas, delínean la composición de un delicado y precioso paisaje religioso de desierto.

En Asunción, durante los fines de semana, suele haber comedores que ofrecen comidas regionales como chivo, carne a la olla y empanadas al horno de barro. También es fácil encontrar vecinos que trabajen artesanías en cuero trenzado y tejido en telar. Bastará con preguntar en cualquier casa para saber a dónde ir.

A la capilla de San José artesano (declarada Monumento Histórico) se accede por el camino de los Huarpes, una huella de tierra bastante transitable, a la que se ingresa desde Ruta 40, pasando Jocolí. La arquitectura del templo es campesina, tiene campanario y una sola nave. Un dato curioso es que el adobe del que está hecha su construcción contiene restos de paja, prueba de que en esta tierra hubo trigales allá lejos y en el tiempo. El edificio de esta capilla data de mediados de 1800. A principios de mayo hay fiesta y procesión en honor a su patrono, siempre acompañada de cabalgatas y destreza criolla.

Pasando San José, y al final de un camino polvoriento, junto a espejos de agua casi secos, emerge la Capilla de Nuestra Señora del Rosario de Guanacache. Su construcción fue atribuida a la orden de los jesuitas, alrededor de 1600. El terremoto de 1861 deterioró el edificio y, rápidamente, se recuperó siempre cuidando su estilo original.

De formas simples y una nave construida en adobe, con techo de cañizo, barro y paja, este templo fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1975. Esta preciosa joya arquitectónica alberga otra de imaginería religiosa: la Virgen del Rosario, tallada por los nativos habitantes de la zona, con su traje de tela y pelo natural. Vale la pena recorrer el cementerio ubicado al lado de la capilla y dar una vuelta por un pueblo teñido de ocre taciturno. La fiesta patronal y procesión ocurren el segundo fin de semana de Octubre, entonces el pueblo se enciende para luego apagarse y volver a su lento letargo.

Capilla del Rosario por Mariana Gómez Rus

Seguí leyendo la tercera y última entrega (Un día en la vida de isidro

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