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Bandidos rurales de (De Sur a Norte) **Primera entrega**

Bandidos rurales de (De Sur a Norte) **Primera entrega**

Elena Greenhill Blacker, la bandida que puso preso al comisario

El último hombre que vio con vida a la famosa bandida patagónica conocida como “La inglesa” fue Victoriano Peralta. Era un mediodía caluroso de 1915 y se encontraba almorzando un puchero con su patrón, a la sombra del carro, único oasis que habían encontrado en el paraje del cerro Mulleady camino a Quetrequille. De repente una tropilla de caballos oscuros arreada por dos jinetes se perfiló en el horizonte, solo que al detener los animales notaron algo muy extraño: Uno de ellos era una mujer

“Al bajar del caballo se quitó el poncho fino que le cubría la parte superior del cuerpo y lo dejó sobre la montura norteamericana donde tenía otro poncho grande. Usaba sombrero negro, saco de cuero y ropa de hombre. Unas botas largas que le llegaban a la rodilla y breches. Era de mediana estatura, rubia y muy flaca. A los costados de la montura se alcanzaba a ver las empuñaduras de dos revólveres” rememoraba, emocionado, Victoriano. Horas después “la inglesa” sería emboscada por la policía del Chubut y asesinada por la espalda en el cañadón conocido como la angostura del Chacay en el Gan- gan.  

Pero mejor vamos al principio de esta historia… 

La inglesa Elena Greenhil Blacker o La Grinil, como la apodaban en la Patagonia, había nacido en Yorkshire Inglaterra en 1875 y se había mudado junto a su familia al pequeño pueblo de Victoria en el Sur de Chile. Allí, el estado le otorgó a la familia unas 60 hectáreas.  Para el año 1894 ya estaba casada (y sospechamos que no felizmente) con don Manuel Astete, un hombre 19 años mayor que ella. Juntos se mudaron a Choele Choel, compraron una finca y tuvieron dos hijos.  

En qué momento esta mujercita rubia de mirada tímida se transformó en Bandolera no se sabe a ciencia cierta. Podría estimarse que sus primeros pasos fueron dados junto a su esposo, contrabandeando toda suerte de ganado hacia Chile, actividad en la que este era muy avezado.

Sin embargo, un hecho siniestro marcó su derrotero que sería desde entonces al margen de la ley.  En noviembre de 1904 Manuel fue hallado muerto a pedradas y enterrado a unos 200 metros de su casa. Entre sus pertenencias aún conservaba su tabaquera de género bordada con sus iniciales y su boquilla de ámbar con estuche de gamuza. La Grinil fue acusada, junto a un presunto amante, de haber pergeñado el crimen . Fue conducida a Neuquén pero, como todo tiene una vuelta de tuerca, se enamoró allí de su abogado, Martín Coria, que tenía fama de “ave negra” y era sobrino del gobernador de Buenos Aires.   

Tras ser absuelta se casó con Coria y sus andanzas juntos engrosarían los libros de la policía del Chubut.  Es por entonces que Elena decidió enviar sus dos hijos, aún pequeños, a vivir con su hermana a Buenos Aires….Evidentemente una vida en pandilla de cuatreros con prontuarios diversos no era apropiada para los niños. 

 Se decía de ella que tenía una extraordinaria puntería y que manejaba el gatillo distinto a los demás. Los habitués del boliche “Casa de Piedra” comentaban que era capaz de acertar a las latas de tabaco caporal de cualquier forma inclusive desde el aire. 

 En cierta ocasión la Grinil fue alcanzada por el temido Toro Montiel, un hombre que ya contaba con una muerte en su haber, pero, así como llegó frente a ella, le falló el ánimo y prefirió pegarse la vuelta. No obstante, el hecho por el cual la inglesa entró en el libro dorado de mitos de la Patagonia tuvo que ver- en verdad- con un suceso de gran repercusión en la época. Sucedió en Montoniló mientras ella y su pandilla se encontraban en un rancho que les servía de escondite. Advirtiendo que se aproximaba la policía, se parapetaron en puntos estratégicos y abrieron fuego desde 150 metros. 

Lo que terminó por convencer al comisario de que debía rendirse fue un certero disparo del Winchester de la inglesa, que logró hacer saltar el arma de la mano de uno de los oficiales. Trascendió, luego, que los capturados pasaron algún tiempo en la casa sin sus uniformes y… obligados a lavar los platos. Podrá imaginarse que semejante afrenta no sería pasada por alto y la venganza cuidadosamente planeada, desencadenó los tristes sucesos de Gan gan. 

En el verano de 1915, una comisión al mando de Félix Valenciano aguardaba vestida de civil y agazapada estratégicamente en la angostura del Chacay, el paso los jinetes. Cuentan que la inglesa luchó hasta final disparando aún desde atrás de su caballo muerto. Cuando su cuerpo finalmente cedió y cayó boca abajo, Félix Valenciano se acercó por la espalda extendió el revolver y dio el tiro de gracia. 

En tierra de nadie es difícil determinar quién es el policía y quién es el ladrón. Este mismo oficial, años más tarde, tomaría parte en los fusilamientos y extorsiones de la huelga de la Patagonia trágica en 1922. Fue condenado y luego, con la causa sobreseída, comenzó su carrera política. Compró una estancia con 6000 ovejas y más tarde fue nombrado Juez de paz de para toda la zona del lago Buenos Aires. No se diga más…  

Sobre Elena Greenhill, desde su muerte los lugareños nombraron al cerro próximo a los acontecimientos ” Cerro De la inglesa” y aunque sus restos fueron luego llevados al cementerio británico de Buenos Aires, aún hoy pueden verse flores de papel donde se encontraba su tumba. Según se cuenta su sombra es capaz de arrear más de mil ovejas y, por supuesto, más de la mitad son ajenas.

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