CATENAMANIA

CATENAMANIA

Por Mariana Gómez Rus

Construida a semejanza de una gran pirámide Maya, Catena Zapata emerge de entre sus viñedos  como un templo que, año tras año, recibe miles de fervorosos fans de distintas partes del mundo buscando rendir  culto a su líquido sagrado. Muchos aseveran  que Mendoza sin Catena ( en su ruta o en su mesa) no es Mendoza.  En este artículo te contamos por qué.

Perseverancia, trabajo duro, innovación, pasión, un toque de locura y … algunos golpes de suerte fueron los ingredientes que llevaron  a que Catena se convierta en una marca ícono dentro y fuera del mercado Argentino. ¿La clave de su éxito? Cada generación de esta familia  dio pasos significativos y se esforzó en cuidar lo que hizo el anterior, destacándose la figura de Nicolas Catena.

La historia de la bodega  se remonta a los primeros años del siglo XX  cuando, Nicola Catena,  el más joven de una numerosa familia italiana  decidió lanzarse a la aventura  y perseguir el sueño de un mejor futuro para él y para quienes lo sucedieran. Cruzó el charco y  se instaló en Argentina.  Sin hablar español y  poco dinero en el bolsillo su instinto lo trajo hasta Mendoza donde  se dedicó  a lo que mejor sabía hacer: Vino. Compró un pequeño viñedo en el Este de la provincia y empezó a elaborar a pequeña escala. Hacia la década del 30 su hijo Domingo  trabajaba junto a Nicola comercializando el vino en el resto del país. Para ese entonces el nombre Catena  se asociaba  a una clase media agrícola bastante respetada.

A mediados de  1940, Nicolás,  hijo de Domingo,  ayudaba con pequeñas labores familiares en la finca aunque su madre, Angélica Zapata, tenía otra idea para el futuro de su hijo. Así los anhelos parentales eran opuestos: mientras su padre deseaba que él siguiera el negocio familiar, Nicolas se doctoró en economía….como alentaba su madre. Pero el rumbo de la historia se torció cuando a mediados de los 60’s Angélica y Nicola  fallecieron en un accidente automovilístico y Nicolás tuvo que elegir entre un futuro académico lejos de la familia,  o ayudar a levantar a su padre  tanto en su vida personal como en rescatar su negocio bodeguero. Decidió meterse de cabeza en la bodega y, con los  años, logró convertirla  en un poderoso emporio argentino, productor de vino fino.

 

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Si bien Nicola desconocía al Malbec  y las bondades que podría generar en suelo mendocino, sus vecinos lo alentaron a plantarlo. La tradición del Malbec continuó luego con Domingo y atravesó a  Nicolás, quién convencido  por su padre y su hija Laura (hoy  encargada de continuar con el negocio familiar),  la convirtió en la variedad emblemática de Catena.

Cuando Nicolás empezó a involucrarse con la bodega  la situación en Argentina no era buena y a  la industria vitivinícola tampoco le iba mejor: no solo la mala situación económica repercutía gravemente sino que también debía lidiar con una  imagen negativa creciente,  consecuencia de la venta de  vino adulterado (con alcohol metílico) que terminó con la vida de varias personas. Su primer paso   fue cambiar la forma de vender vino localmente. En ese entonces   el vino era vendido   a granel  a fraccionadores que, a la vez,  re vendían con otra etiqueta. Nicolás convenció a su padre ganar protagonismo, comprando dos bodegas para comenzar a vender su propio vino con su propia etiqueta.  Invirtió en recursos  publicitarios para intentar  revertir un poco esa  mala imagen que el vino cargaba  por esos días asociándolo a momento familiar, bebida noble, sana y encuentro .Y , hacia  mediados de la década de los 70,    no  conforme con el vino que elaboraba, decidió dar  un  salto en calidad. Un enólogo americano asesoró a Catena  con la idea de tener un  diagnóstico de cómo estaba la industria y qué se necesitaba para mejorarla.  Básicamente, el vino que se elaboraba en aquel entonces en Argentina era mediocre: se usaban  recursos tecnológicos y humanos mínimos,  se operaba  tecnología anticuada, mal mantenida y sucia. Los procesos durante la cosecha  hacían estragos en la uva, oxidándola y despojándola de lo mejor que traía. La  elaboración y añejamiento  se llevaban a cabo utilizando tanques, mangueras  y grandes vasijas de robles viejos y agrietados que no hacían  más que añadir  oxidación y más  bacterias, contaminando al futuro vino tinto. A esto se sumaba la indiferencia del consumidor, al que tampoco le importaba la calidad y solo tomaba lo que le ponían en su copa. El pronóstico no era alentador. Nicolás Catena trató de atenuar el problema de la contaminación aplicando sulfitos (presentantes) invadiendo todos los rincones de las bodegas. Pero  el uso era excesivo,   el riesgo de contaminación disminuía pero las posibilidades de que al día siguiente de beber ese vino sintieras tu cabeza explotar aumentaban.  La cosa no mejoraba y había que hacer algo ya.

A principios de los 80s se instaló un tiempo  en California. Allí daba clases como profesor en la universidad de Berkeley y  los fines de semana  los dedicaba a  pasear y conocer bodegas con su familia  en Napa Valley. Sin gran expectativa llegó  a la bodega de Robert Mondavi, quien se había asociado al Baron Philippe de Roschild con quien elaboraba  OPUS ONE. Y algo hizo clic. Fruta con un toque de madera.

Descubrir esta bodega fue re descubrir al vino americano y fue también un quiebre entre lo que  el viejo y nuevo mundo significaban en materia de vinos.  Nicolás estudió a su colega  gringo.  Accedió a información valiosa sobre plantas, viñedos, clima, terroir técnicas, barricas y demás. Volvió a Mendoza, vendió la bodega  que elaboraba vinos de mesa y se quedó con Esmeralda, la bodega de vinos finos de la familia. Ir en búsqueda de la calidad, a principios de los 80, en un contexto en el que la cantidad y el bajo costo llevaban la delantera, donde las bodegas  erradicaban viñedos de calidad ( añosos, verdaderos tesoros enológicos) reemplazándolos con grandes extensiones de variedades enológicamente pobres (como Cereza, Criolla o Pedro Gimenez que rendían más económicamente) era una aventura loca.

Nicolás Catena se salió del molde, conservó celosamente  viñedos antiguos y plantó nuevos, de alta calidad enológica.  Seguro de lo que había visto en Estados Unidos y convencido de que era posible imitarlo, se puso como meta mostrarle al mundo que Argentina también podía hacer buen vino y comenzó a incluir variedades como Chardonnay y Cabernet Sauvignon en su viñedo de “La Pirámide”. Y más tarde, imitaría  acciones con el Malbec.  Con el tiempo descubrió que en viñedos de mayor altura la uva podría dar un vino más distintivo y profundo. Llegó  hasta los 1400 m.s.nm creyendo que podría dar un salto cualitativo si ponía a la vid al límite de lo establecido. Nuevamente, muchos lo tildaron de  loco, pero  su innovación fue acertada.  Más adelante otros vitivinicultores empezaron a imitarlo y los costos de los viñedos en altura se fueron por las nubes.

Hacia fines de los 80´s,   los vinos  comenzaron su metamorfosis. Catena Zapata pasó  de gusano a mariposa y empezó a exportar sus novedades. En aquel entonces el vino argentino más caro se comercializaba en 4 dólares. Nicolás Catena fue más allá y determinó  que  si sus vinos estaban cualitativamente cerca de algunas marcas californianas , lo justo era  vender su vino un 30% más barato que las etiquetas americanas. Fue así como Catena  comenzó  a venderse a US$15 .

Desde mediados del 2000 a  la actualidad  esta CATENAMANIA no para.  Llueven premios reconociendo su calidad y trayectoria  tanto a nivel nacional como internacional, incluso Nicolás Catena ha sido nombrado “hombre del año” por la revista Decanter; Hace unos años, un cosecha 97 fue subastado en 30 mil dólares en China;  hacer una reserva para visitar la bodega puede precisar de una antelación de 40-60 o más días  y el mismo Robert Parker, en su último informe de 2015 , sobre vinos argentinos para Wine Advocate,  dá los mayores puntajes a vinos que llevan en su etiqueta el nombre de “Catena Zapata”.

 

VÍNCULOS
Algunos nombres asociados a Catena Zapata que no deberías dejar de conocer en tu próximo viaje a Mendoza:

Alejandro Vigil, el enemigo en casa. Si bien Alejandro se considera más viticultor que enólogo lo cierto es que lleva más de una década  al frente del departamento de enología de la bodega Catena Zapata y es considerado uno de sus enólogos más emblemáticos. Hace algunos años se asoció con Adrianna, la hija menor de Nicolás Catena, para  poner en marcha Aleanna, una bodega  que elabora vinos a la manera antigua, focalizando principalmente en el Cabernet Franc. Además de la elaboración del vino bajo el nombre de “El enemigo”, el proyecto incluye un pequeño  restaurante (localizado en el mismo terreno donde tiene su casa, en Chachingo, Maipu)  donde convergen  amigos, clientes y visitantes. Lejos de la imagen corporativa,  Alejandro pretende tener un contacto más cercano y personal con clientes y curiosos que pasan por su casa que, ciertamente, lo encuentran la mayoría de las veces, acercándose a charlar a alguna mesa, contarte lo que estás tomando y hacer algún chiste al respecto del por qué eligió ser “El enemigo”. Abierto de lunes a sábados, podés acercarte a conocer su microbodega al aire libre y cava, elegir entre diferentes flights de vinos o contentar el corazón con un suculento almuerzo que incluye una picada y empanadas caseras de entrada, bife de chorizo de principal con variedad de ensaladas y un postre regional para finalizar este empacho de buena vida y vino.info@casaelenemigo.com

CA.RO
Una bodega dentro de otra. Hacia fines de la década del 90 nació  CA.RO de la relación comercial entre Nicolas Catena y el Baron Philipe de Roschild (Chateuax Lafite) con el objetivo de crear el vino más elegante de Sudamérica, focalizado en el blend Malbec-Cabernet Sauvignon. La bodega está ubicada  en el ala NE de la antigua bodega Esorihuela, donde Nicolas tiene una parte accionista que utilizó para llevar a cabo este proyecto con ROSCHILD. Trabaja solo 3 líneas (Aruma, Amancaya y CARO). Vale la pena hacer una recorrida por sus cavas centenarias y misteriosas, como un pasaje al siglo XIX.  Abre de lunes a viernes de 9.30 a 19. Una buena opción  es tomar el último turno y luego quedarse a cenar en lo del vecino: 1884, de Francis Mallmann. Presidente Alvear 151. hospitality@bodegascaro.com.ar. Tel.4530963

 

 

Ernesto Catena y su alma negra.
Ernesto es el hijo mayor de Nicolas Catena y, sin dudas, representa el lado  más vanguardista de la familia Catena. Luego de estudiar y vivir en el exterior se radicó en Buenos Aires. Influenciado fuertemente por su abuelo Domingo se animó a encarar un proyecto  vitivinícola propio, en Valle de Uco.    El viñedo llamado    Nakbé        es orgánico y biodinámico. La bodega está abierta al público desde hace algunos meses  y se puede disfrutar de diferentes maneras, incluyendo almuerzo, visitas especiales a las bodegas, y tardes de golf.  de Entre sus etiquetas emergen animales, siestas, padrillos tikales  y almas negras ( cuyo blend es un misterio al que somos invitados a descubrir solo  a través de nuestros sentidos). info@erenestocatenavineyards.com

 

Para los Catenamaníacos. Varias agencias de enoturismo de Mendoza trabajan con Catena Zapata. Recomendamos los programas de Trout & Wine diseñados especialmente para aquellos que quieren un empacho de Catena. Ofrecen programas económicos que combinan Catena con otra bodega de la zona, incluyendo almuerzo liviano y degustaciones de vinos jóvenes  por US$135 o programas más sofisticados (para los más fanatizados)  incluyendo Catena y bodegas asociadas a este nombre con recorridos que pueden durar uno o dos días, dependiendo de los intereses, disponibilidad y presupuesto, incluyendo degustaciones premium, guía especializado en inglés y portugués y almuerzos harmonizados con vinos. Se sugiere adelantar la reserva puesto que es una de las bodegas más concurridas de Mendoza.  – info@troutandwine.com –